Virgilio Piñera

El dramaturgo, narrador y poeta Virgilio Piñera (Cárdenas, 1912 – Ciudad de La Habana, 1979), publicó en 1969 una antología personal de su poesía con el título de La vida entera. Casi una década después de su muerte, en 1988, fue que apareció Una broma colosal, donde se incluyeron textos escritos en los últimos años de su vida. En 1998 fue publicado La isla en peso, compilado y prologado por Antón Arrufat, y del cual seleccioné dos poemas para actualizar Arco y Espuela. Dejo por acá un tercer texto, aparecido orignalmente en Una broma colosal.

El hechizado

 

A Lezama, en su muerte

 

Por un plazo que no puedo señalar

me llevas la ventaja de tu muerte:

lo mismo que en la vida, fue tu suerte

llegar primero. Yo, en segundo lugar.

 

Estaba escrito. ¿Dónde? En esa mar

encrespada y terrible que es la vida.

A ti primero te cerró la herida:

mortal combate del ser y del estar.

 

Es tu inmortalidad haber matado

a ese que te hacía respirar

para que el otro respire eternamente.

 

Lo hiciste con el arma Paradiso.

—golpe maestro, jaque mate al hado—.

Ahora respira en paz. Vive tu hechizo.

 

9 de agosto de 1976

Manuel García Verdecia

Mi amigo, el poeta y narrador Manuel García Verdecia (Holguín, 1953), recoge en Saga de Odiseo (2006) una selección de los tres poemarios publicados anteriormente: incertidumbre de la lluvia (1993), hebras (2000) y meditación de odiseo a su regreso (2002). He usado un texto de cada libro para la última actualización de Arco y Espuela. Este otro que les dejo aquí apareció originalmente en incertidumbre de la lluvia (1993).

 

tratado de la flecha

 

nada ha de importar el arco

en tensión de causa e impulso

tampoco el centro en la diana

fatalidad de la inercia.

 

importa sólo la flecha

a una travesía y momento

la flecha  ave en su dominio

ala que ejerce su sino.

 

su vida   sólo un gerundio

antes ni después es nada

sólo el minuto del vuelo

 

violando la gravedad

los torpes muros del aire.

vida es la flecha en su curso.

Salmo segundo

@Guillermo Aldaya

Este poema, que debe tener unos veinticinco años de vida, también fue publicado en Fuera de set, mi primer libro de poesía. Me asombra, leyéndolo otra vez, que, después de tanto tiempo, ambos (el poema y yo) sigamos tan iguales: no sería capaz de cambiarle ni una única palabra.

 

(De Jesús, no Cristo)

 

Tuya es la noche, amigo mío;

este pedazo de viajeros borrosos

ensartados a la vigilia como espigas.

 

Tuyo el recuerdo de los muertos,

los pleitos de mamá;

tuyo el arroz amarillo desde el pueblo.

 

De ti el susto de la cena,

el egoísmo de mi séptimo café mezclado.

 

Noviembre ridículo

y una dirección prestada donde hallarme.

 

En tus manos dejo el contorno de los míos,

que son pocos pero a prueba de años.

 

Y dejo el fragmento de adioses que te toca.

 

Acuérdate de mí, Jesús,

y no temas la muerte de tus ojos.

Que habrá un montón de noches

hasta el próximo sábado.

Nara Mansur

@Guillermo Aldaya

La dramaturga y poeta cubana Nara Mansur (La Habana, 1969) tiene publicados dos poemarios: Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). De este último libro he seleccionado dos textos para la más reciente actualización de Arco y Espuela. Este es uno de ellos:

Del diario al dossier

Uno quiere tiempo y no sólo extractos de flores.

Uno quiere la soledad del paciente autobiografiado.

Uno quiere a una sola persona.

Uno quiere un camino, un destino

una, dos, tres, cuatro barbaridades juntas

separadas de la piel y de la mente.

Uno quiere decir basta.

Uno quiere concentración y tiene una dosis de veneno.

Uno imagina que todo pasará, que sólo es añoranza

divanes comunes.

Uno se tuerce un pie, se arranca una uña.

Uno deja pasar a los personajes célebres

en busca de una partícula de riesgo auténtico.

Uno quiere ser el mejor y el más completo.

Uno excusa los errores ajenos hasta con una incierta

dosis de placer.

Diariamente

sueña la muerte que más ama.

Uno quiere comprar algodón para la sangre futura

evitar el cansancio filial, las congestiones.

Uno imagina el tiempo, la belleza alejada aún.

Flores azules frente a mi puerta

silenciosamente limpias.

Uno quiere hacer un aparte

decir algo desde el deseo.

Uno quiere acumularse como sensación

solamente.

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